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SUN SENTINEL

Puerto Rico cosecha los beneficios de una privatización modelo

por Doreen Hemlock

16 de abril de 2000
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SAN JUAN, Puerto Rico - Hace dos años, las calles aledañas a la Puerto Rico Telephone Co. estaban ocupadas por manifestantes y policías. Por los altoparlantes se propalaban consignas nacionalistas, mientras los piquetes de obreros manifestaban contra la venta de la compañía estatal a inversores privados.

En la actualidad, los empleados leen boletines corporativos sentados entre las macetas con palmeras que decoran la casa central. Carteles agradecen a los trabajadores por su colaboración en campañas de caridad y las camionetas de la compañía están muy ocupadas compitiendo la creciente competencia.

Atrás quedaron los titulares sobre los sangrientos enfrentamientos por la privatización. Un año después de la venta a la compañía telefónica GTE Corp., con base en Texas, la empresa de telecomunicaciones de Puerto Rico se concentra en la oferta de novedosos servicios de Internet y en los nuevos competidores. En este estado libre asociado estadounidense con 3,8 millones de habitantes, la privatización de las telecomunicaciones parece estar funcionando.

Hasta los sindicatos de obreros telefónicos, que hicieron huelga durante 41 días para oponerse a la venta, han silenciado sus críticas.

"Es mejor que la GTE administre la compañía de teléfonos, aunque preferiríamos que fuera propiedad del gobierno y que éste se quedara con las ganancias", expresó José Juan Hernández, presidente de la Unión Independiente de Empleados de la Compañía de Teléfonos. "Pero la verdad es que el gobierno evaluó todo en términos de votos ( no de buenas prácticas empresariales)".

¿Qué lección puede dar Puerto Rico en materia de privatización?

Los analistas y ejecutivos señalan:

  • Un acuerdo bien estructurado, con empleados de la compañía e inversores locales que obtuvieron acciones de la compañía.
  • Una administración progresiva, sensible a las necesidades de los empleados y los clientes.
  • Un reconocimiento del valor de la comunicación, en buena cantidad.

La compra por $ 2.000 millones le otorgó a la GTE una participación mayoritaria en la décima mayor empresa operadora local de los Estados Unidos, una moderna compañía con redes completamente digitalizadas para llamadas dentro de la isla. Antes de la compra, Puerto Rico Telephone era un virtual monopolio, con ganancias que superaron los $ 1.200 millones en 1997.

Puerto Rico compró la compañía a la ITT Corp. en 1974, cuando la propiedad privada significaba servicios de baja calidad y pocas líneas rurales. En dos décadas hizo una gran inversión para modernizar y extender las líneas en toda la isla. Pero las nóminas de personal fueron abarrotadas con designaciones políticas y la calidad del servicio estaba muy por debajo del servicio standard brindado en los Estados Unidos.

En 1996, cuando el Congreso aprobó una ley que desreguló la industria telefónica autorizando la competencia, el gobierno de Puerto Rico decidió la venta. El gobierno pensaba que su empresa perdería mercado y ganancias, a menos que nuevos administradores la prepararan para competir. Y se dispuso a venderla rápidamente, antes de que los nuevos rivales la despojaran de sus clientes y de los beneficios que durante años había disfrutado.

Pero allí vino la primera lección en privatización.

La administración conducida por el gobernador Rosselló, partidaria de la estadidad, introdujo el plan en la legislatura y negoció con rapidez y en secreto, sin permitir que los trabajadores y los potenciales críticos tomaran parte en el acuerdo y sin difundir los detalles y beneficios de la venta.

El equipo de Rosselló debería tenido en cuenta los antecedentes, opinan los analistas. En 1990, otra administración puertorriqueña, liderada por el gobernador Rafael Hernández Colón, intentó vender la compañía y fracasó. Los sindicatos de trabajadores declararon un día de huelga y movilización que reunió más de 100 mil personas en una de las mayores manifestaciones realizadas en San Juan. Como resultado, Puerto Rico no pudo conseguir el precio que buscaba, en medio de una ola mundial de ventas de compañías telefónicas.

En 1998, el dirigente sindical Hernández dijo que hubiera estado dispuesto a negociar con Rosselló.

"Le estreché la mano al presidente Clinton en una convención sindical, pero nunca fui convocado a reunirme con Rosselló", expresó el jefe obrero. "Puede ser que tuviera buenas intenciones, pero fue muy mal asesorado en la venta. Actuó con tanta arrogancia".

Pero tras 41 días de huelgas en protesta por la venta, el gobierno estructuró un acuerdo que satisfizo a casi todos. El principal grupo de operaciones bancarias de la isla, Popular Inc., se asoció con la GTE y acordó comprar el 10 por ciento de la compañía de teléfonos de Puerto Rico y compartir esa participación con empleados telefónicos e inversores locales. Además, el gobierno le entregaba un 3 por ciento a los empleados. Eso dejaba la mayoría de las acciones en manos locales, con un 7 por ciento en poder de los trabajadores, una estructura que sofocó la oposición nacionalista.

Eso significó una dura tarea para Jon Slater, nativo de Kansas con 29 años de experiencia en la GTE, quien se hizo cargo de la presidencia de la Puerto Rico Telephone en marzo de 1999.

Disipando miedos

En su primer día de trabajo, Slater convocó una reunión de administración a la que concurrieron más de 140 ejecutivos, cuyo propósito era disipar miedos y rumores. Reiteró las promesas de que no habría despidos masivos, anunció que las tarifas residenciales permanecerían congeladas por tres años y que la compañía invertiría $ 1.000 millones para modernizarse.

Rápidamente ofreció paquetes de retiro anticipado, que fueron aceptados por 1100 empleados. También redujo los nueve niveles de administración a cinco, para aproximarse más a los empleados.

Además, Slater emprendió una serie de reuniones a través de la isla para llevarle seguridad a los trabajadores y enfatizar la necesidad de brindar servicio a los clientes. "Muchos de los trabajadores que están en la línea de frente me dijeron, 'nunca antes había visto a un presidente de la compañía y jamás había estrechado su mano' ", contó Slater.

En los primeros seis meses, las órdenes de servicio que aguardaban ser cumplidas cayeron un 22 por ciento, y las instalaciones telefónicas completadas dentro de 10 días crecieron un tercio, informó la compañía.

GTE tiene poco margen para errores, dado que rivales de la talla de la AT&T Corp., Centennial y Sprint Corp. se han instalado en la isla. Puerto Rico Telephone maneja casi dos tercios del servicio de larga distancia dentro de Puerto Rico, aproximadamente un tercio del mercado de telefonía celular y más del 15 por ciento de los servicios locales de internet, detalló Slater.

Pero el verdadero desafío fue cambiar la actitud de los empleados. La mentalidad, desarrollada durante el período en que era un monopolio manejado por el estado, se resumía de la siguiente manera: "Somos los únicos aquí, tómalo o déjalo", expresó Slater.

El poder del cambio

"No se puede subestimar el poder del cambio de lo público a lo privado", explicó.

"Siempre llevará más tiempo del que se haya calculado. Por lo tanto lo que debe hacerse es concentrarse en la gente y asegurarse de se comprende el aspecto humano del cambio: la negación, el enojo, la curva usual del cambio. El entrenamiento y la comunicación son las cosas más importantes".

La comunicación demuestra ser clave en Puerto Rico, debido a sus vibrantes medios., entre los que se cuentan media docena de diarios, docenas de estaciones de radio y programas de televisión, solamente en San Juan. "Hay mucho sensacionalismo en la isla sobre todo lo que sucede, porque todos andan escarbando para lograr una noticia de primera plana", argumentó Slater.

Para reducir las tensiones, por ejemplo, los administradores emiten boletines tras las reuniones con los sindicatos sobre las nuevas negociaciones colectivas de contratación. Los boletines resumen el estado de las negociaciones, disminuyendo los debates en los medios.

Los dirigentes sindicales opinan que la comunicación fomenta el respeto. La GTE "tiene una visión diferente" del gobierno, explicó a los reporteros tras la venta Annie Cruz, presidenta de la Hermandad Independiente de Trabajadores Telefónicos. "Ellos ven a los sindicatos como facilitadores", añadió.

Como resultado de la privatización, Puerto Rico mejoró las relaciones con los trabajadores y el servicio a los clientes.

"Los sindicatos comprendieron que este es un juego completamente nuevo, y están aprendiendo a jugarlo", opinó el economista Antonio Villamil, presidente de la consultora económica Estudios Técnicos".

"La compañía de teléfonos es ahora mucho más ágil para enfrentar en una situación competitiva"

Doreen Hemlock recibe mensajes en dhemlock@sun-sentinel.com o 305-810-5009

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